Entre
tantas ocupaciones, siempre queda un pequeño espacio para escribir. No.
Pero les dejo una pequeña crónica, un trabajo para la facultad. Ojalá
lo haya escrito por ocio...
Avenida
de Mayo tiene una particularidad: de mostrar la faceta más antigua de
Buenos Aires. Pero “antigua” es un decir, comprada con las sucesivas
construcciones que vemos actualmente. Dicha avenida, nos transporta a
fines del S. XIX y principios del S. XX.
Me
costó encontrar al hotel, más que nada, porque de ver tantos edificios
juntos, y pequeños locales perdidos en la periferia; apenas divisé al
mismo. Es extraño, porque ni bien lo vi, me dio la sensación de que era
un complemento del edificio vecino, o simplemente que había algo similar
anteriormente.
En parte me equivoqué...
Observarlo,
hizo que mi imaginación me transportara al tiempo donde fue erigido. Me
lo imagine resplandeciente, victorioso entre sus vecinos, lleno de luz
(factores que sencillamente los había perdido). Pero no todo era
negativo; le favorecía la sencillez. La sutileza de los materiales y de
las molduras mismas, lo hacían especial. Al mismo tiempo, la rigidez
mínima, haciendo notar el posible uso (cosa que los demás no lo sabían
lucir), los colores eran siempre los mismos: el del hormigón.
Desgastado. Que sufrió el paso del tiempo y quizás también múltiples
cambios.
Insisto que no todo era negativo…
Su implantación en la esquina, le daba cierto brillo que los otros no
sabían o no querían mostrar. Pero hay que detenerse a observarlo; con
solo mirar no alcanza realmente.
El
interior era más cálido por sus colores, denotando un contraste
importante con el exterior. El ideal de conservar la sencillez, los
llevó a que todo el mobiliario sea acorde al lugar mismo, destacando la
amplitud del espacio que invitaba al descanso inmediato.
Me sentía cómoda y nostálgica al mismo tiempo ¿Era eso lo que lo hacia sentir especial?
Ya
había viajado en el tiempo y eso me entristecía un poco... la rigidez y
lo vanguardista hace que me asuste y me aburra de a ratos. Pero esto
era diferente. ¿Cómo algo tan simple logró cautivarme a partir de sus
pequeñas fallas?
Simple:
creemos que con muchos, hacemos cosas increíbles, cuando no nos
convencemos que con poco logramos óptimos resultados. Es cuestión de ver
un poco mas de lo que nos imponen, sin importar el movimiento o la
época que nos situemos.
Con esa deducción, salí a enfrentarme a Buenos Aires nuevamente, con una sonrisa.
“Los
edificios viejos no sirven. Están para estorbar, no para vivir en
ellos. Ya cumplieron su tiempo… Es hora de aceptar lo nuevo. Te lo digo
yo, porque vivo en uno de ellos.” – señora que pasó de ser random a ser una compañía agradable.
Foto robada a un querido amigo/compañero de facultad.
Hotel Chile: Avenida de Mayo y Santiago del Estero.
